El brasuca



Nuestras amigas le abren la puerta a un morocho recio que, además de acerlas más ricas, las une un poco más.
Por Chanelle Noir

Hipótesis:

Abro la puerta a eso de las tres de la tarde y me encuentro con un hermoso negro. Le pregunto cómo se llama y me responde “Eu estava fodendo, estou con votade de vocé e marijuana”. Lo hago pasar y tomar asiento. Romi y yo nos sentamos en un sillón frente al suyo y por un momento nos miramos los tres. Mi amiga se pone nerviosa y arma un faso con los dedos, con una habilidad admirable. Yo miro al brasuca.
Él me devuelve la mirada y pone sobre la mesita unos billetes en forma de abanico. Luego saca su propio porro, ya armado, y lo prende mientras espera una respuesta de nuestra parte.

El dinero que exhibe es insuficiente para el trío, alcanza apenas para disfrutar de sólo una de nosotras. Se lo explico con señas, apuntando mi dedo índice a sus billetes y luego a Romi y a mí. Él asiente y luego larga una bocanada.

-Creo que me lo tendría que coger yo –dice Romi, porque nunca estuve con un negro.
-Yo tampoco –respondo.
- ¿Qué decís? Tu novio es un negro musculoso igual a Lorenzo Lamas.
-Es otra raza.

El brasuca sigue fumando, tranquilo, mientras nos ve discutir. Asumimos que no debe entender nada de lo que estamos hablando.

-Admitilo –le digo a Romi- decí que te querés desquitar con este negro porque mi novio no te dio cabida cuando te le ofreciste como una muestra gratis de shampoo.
- ¿Cómo te enteraste?
-Todos en este ambiente de mierda se enteraron. Romi, sé que llevás más años que yo en esto, pero hay cosas que evidentemente no tenés claras. Las putas cobran, las que se regalan son putitas. Yo siempre me consideré una Señora Trola y pensaba lo mismo que vos, hasta que vi cómo te regalabas. Me das tanta pena, que te cedo al brasuca de todo corazón. Hacé unos mangos, así podés ir a la peluquería y arreglarte “eso” que en una noche de merca y anfetaminas te hiciste en la cabeza.

Apenas termino de decir esto, el brasuca deja su tuca en el cenicero. Junta el abanico de billetes y los pone sobre mi mano. Luego, me lleva a la habitación.

Tesis:

Chanelle: Acá tenés la mitad de lo que me pagó el negro. Por favor, andá a la peluquería.

Romi: (guardando la plata) Vos y tu necedad de sentirte más que el resto, ¿no?

Chanelle: ¿Perdón?

Romi: ¿Te creés que no me doy cuenta? Todo el tiempo me estás despectivando, te divierte tenerme como la bruta y ser vos la que muestra su erupción. ¿Te creés que sos perfecta?

Chanelle: Yo no dije eso, Ro.

Romi: Sos una hedonista, anoréxica de mierda.

Chanelle: Vos también sos hedonista, procurás el placer.

Romi: Te creés la mejor mina del mundo porque los clientes te preguntan si sos rusa o alemana y porque sos flaca, con tetas y culo naturales. Y porque tenés esa piel de bebé, conchuda del ortho. No sé si tengo ganas de pegarte o de cogerte.

Chanelle: Ponete de acuerdo y vemos, si vamos a la esquina o a la cama.

Conclusión:

Luego de un año de tensión entre nosotras, de comentarios más o menos hirientes e indirectas que a veces son demasiado directas, todo estalló entre Romi y yo. El brasuca pareció ser la excusa perfecta para que ella y yo sacáramos a la luz viejos rencores y diferencias en las que probablemente nunca nos vayamos a poner de acuerdo.

Mientras el brasuca camina relajado y liviano bajo el sol (más pobre pero más feliz), Romi y yo nos agarramos a piñas sobre el sillón. Nos tironeamos del pelo, nos cacheteamos, nos rompemos la ropa, pero de repente nos miramos a los ojos y nos besamos. Terminamos cogiéndonos violentamente sobre la alfombra. Después fumamos la pipa (de agua) de la paz y todo queda en el olvido.

Pero que conste que yo soy la más linda.

Publicado por la revista THC en enero de 2011

El Gran Rúben



Las chicas más enamoradas del THC que nunca, dedican un cuadro vivo para el deleite de un cliente con oficio.
Por Chanelle Noir.

Hipótesis
El cliente de las cinco nos sorprende a Romi y a mí al presentarse escoltado por un enano disfrazado de sátiro. Pregunto de qué se trata y el señor inquiere si acaso no reconozco al único, al majestuoso, al GRAN enano Rúben.
Bien, necesito un faso urgente. Por unos instantes falto a las reglas de cortesía y los dejo parados mientras me armo uno con la maquinita y los papelillos con sabor a uva. Fumo un poco. Romi se sienta a mi lado para que le convide y le digo que espere, que necesito unas secas más para continuar. El cliente y el enano nos miran desconcertados, parados aún al lado de la puerta que ha quedado entreabierta. Finalmente, le paso el faso a Romi y me levanto del sillón. Cierro la puerta y me disculpo.

- Así que, “El ‘gran’ Rúben”. Tomen asiento por favor.
El cliente cuelga su saco en el perchero y se sienta junto al sátiro frente a nosotras. Le armamos uno y él comprende que queremos saber su historia.
- Conocí al gran Rúben hace varios años, en un circo ambulante de Espeleta.
- Ajá, continúe –le respondo, armando otro.
- Quedé fascinado por su destreza.
- ¿Hace malabares?
- No, baila tap sobre una mesita.
- Vestido de sátiro.
- Si, siempre se vistió así. Sacrificó su hermoso cabello negro para ponerse los cuernitos. Cuando yo lo conocí se lo engominaba todo con Lord Cheseline.
- Lord Cheseline –repite Romi, en medio de su propia bocanada de humo- Lord Cheseline es uno de mis escritores de habla inglesa preferidos.
Se crea un incómodo silencio.
- Bueno –continúa el cliente- eventualmente, el circo cerró y el gran Rúben quedó sin trabajo. Fue entonces que le ofrecí venirse conmigo.
- Entiendo –le digo, dejando la tuca en el cenicero del Che y levantándome-, pero cuando hablamos por teléfono, Usted no aclaró que serían dos.
- Es que Rúben no viene a coger. Su función es orquestar nuestro trío.
- Yo fumo –habla por primera vez el enano- y les digo lo que tienen que hacer.
- ¿Viene en son de paz el enano? –pregunta Romi, mientras se saca la ropa.
- Pagaré bien por esto -replica nuestro cliente-, y por adelantado.
Cuando vemos el fajo de dinero, sacamos los frascos con todas las variedades que tenemos para convidar. Antes, claro, contamos y guardamos el dinero.

Tesis:

Romi: Al final no me diste ningún libro de Lord Cheseline.

Chanelle: No me pediste, me dijiste que era tu autor favorito.

Romi: No, quise decir que me prestaras uno.

Chanelle: No tengo.

Romi: Qué raro, vos que te la das de culta.

Chanelle: Viste, nadie es perfecto. ¿Que te pareció Rúben?

Romi: Bien, qué sé yo. En vez de esos gordos que vienen a fijarse en las toallas, mejor un enano vestido de cabra.

Chanelle: ¿Cabra?

Romi: Estaba vestido de cabra, el enano.

Chanelle: Aaah. Sí, por supuesto.

Romi: Aunque me resultó un poco molesto todo el tema del circo. Se nota que pasó mucho tiempo en eso. En vez de pedir cosas sexis, me pedía que te metiera un pie en la boca mientras el cliente me chupaba un mechón de pelo y te tocaba la pierna con el codo. Y con estas imágenes, el enano se pajeaba. De los dos, ¿quién habrá pagado?

Chanelle: Pagó el cliente.

Romi: Pero el polvo se lo echó el enano.

Chanelle: Ro, ¿vos a esta altura te seguís sorprendiendo?

Romi: Tenés razón. Armá otro con tu maquinita para rubias.

Conclusión:

Lo malo de este tipo de anécdotas es que poca gente nos las cree. No nos importa. El único problema es que a veces a nosotras mismas nos cuesta recordar si lo que vivimos realmente pasó. Sin embargo, días después, casi de casualidad, descubrimos que no fue un sueño.

Como la flor de Coleridge, el programa de Anabella es la evidencia de que lo que vivimos fue real: una tarde de ocio y televisión, vemos a nuestro cliente haciendo palmas mientras “El gran Rúben” zapatea sobre una mesita, vestido de sátiro.
Cuentan con orgullo que en la calle Florida, las multitudes se reúnen para ovacionarlo y que Tinelli lo convocó para que zapatee por un sueño en su programa.

- ¿Será con el adelanto del Bailando que nos pagó? –le pregunto a Romi.
- ¿Habrá venido en serio? ¿O habrá sido un sueño?
- No importa –le respondo-. Lovecraft escribió que la vida no es más que una sucesión de imágenes en la mente, sin importar cuáles vienen de cosas reales y cuáles de sueños íntimos. Y que no hay motivo para atribuir más importancia a unas que a otras.

- Lovecraft –repite Romi-. Qué raro, siempre pensé que era un fijador capilar.

Publicado por la revista THC en diciembre de 2010.

El Gallo



El señor, padre y empleado ejemplar, decidió darse una vuelta por el depto de las chicas, pero antes pasó por la rotisería.
Por Chanelle Noir

Hipótesis:

Es lo que Romi y yo solemos llamar “Un putañero clásico”: anda por los 50, pelado, panzón, cara de “que no se note que la vengo a poner”. Pide, inexorablemente, la toalla y el jaboncito. Nosotras mandamos a hacer unos que dicen “Chanelle y Romi” en el envoltorio. Es increíble lo que suma esa pelotudez. Eso, el frigobar con bebidas individuales y la canasta con golosinas. El polvo es lo de menos.

Recién al verlo salir del baño desnudo (oh cruel visión) diciendo “Ya me higienicé”, notamos que el cliente trae consigo una bolsa de Avicar.

Yo pregunté por teléfono si cumplían fantasías, dice, mientras saca un pollo entero de la bolsita. Creo que hablé con Romi. La miro y ella me devuelve su cara de WTF. No se debe ni acordar. Le pregunto al señor qué fue lo que pidió y él me explica, como si fuera lo más normal, que quiere que nos pongamos nuestra mejor lencería y le sostengamos el pollo mientras se lo coge. ¿Con los menudos y todo? pregunto yo, pero Romi me agarra de la mano y me lleva a la habitación. Abrimos el famoso baúl y elegimos medias de liga, trajes de fantasía y tacos. Nos maquillamos una a la otra como si fuéramos nenas jugando y de hecho el maquillaje nos queda bastante como el ortho. Romi me dice que no importa, que después de todo, hoy la puta es el pollo. Yo asiento. Le aviso al cliente que las fantasías son más caras y le pido el dinero por adelantado. Se sorprende, pero paga. Ya está con el porro prendido, adentro del pollo. Parece que fumara, nos dice. Y además, deja una sensación muy grata a la pija, cuando la meto. Como un humito calentito. ¿Me lo sostienen?

Tesis:

Chanelle: Ro, te dije miles de veces que cuando llaman por las fantasías, preguntes a qué tipo de fantasía se refiere.

Romi: Pero ¿por qué te calentás, mujer? Nuestro laburo lo hizo un pollo.

Chanelle: No es el caso, Ro, ahora tengo que gastarme la guita en vodka.

Romi: Nada de eso, nena. Relajate. Tomá estas flores, que son lo más. En un ratito vas a estar súper relajada y se te va a ir esa cara de fragor que tenés.
Chanelle: Gracias, Ro. Ahora, lo que me pregunto es qué hará con el pollito.

Romi: Lo lleva a su casa y se lo sirve a su familia “con salsa blanca”.

Chanelle: Qué hija de puta.

Romi: ¿Te cabe alguna duda?

Chanelle: Creo que es lo más probable.

Romi: No estés mal, Chanelle. Son las pequeñas cosas que marcan la diferencia con otros servicios. Nosotras ofrecemos alta implicancia.

Chanelle: Aparte de que somos carísimas.

Romi: Y, la implicancia tiene su precio.

Chanelle: Seguramente, debe ser muy cara.

Romi: Y sí, ¡imaginate!

Chanelle: La verdad, Ro, me dan mucho miedo tus slogans. Eso de “sensación atemporal” o no sé qué mierda pusiste en el último aviso. Después de esta experiencia, tengo miedo que caiga uno vestido de campesino de la edad media, durante la peste bubónica.

Romi: Pero ya inventaron la vacuna para eso.

Conclusión:

Yo armo con la maquinita especialmente diseñada para rubias, con las sedas con sabor a uva que me gustan. Romi prende y me va pasando. Tomamos gaseosa y nos preguntamos sobre el destino del pollo, que luego de ser violado, fue nuevamente puesto en su envoltorio y llevado a casa por nuestro cliente, más pobre que antes pero más feliz.

Nos imaginamos al señor llegando a su casa al grito de ¡Hoy cocina papá! y preparándoles con todo el morbo el pollo recién cogido. Lo imaginamos en la mesa familiar, saboreando cada pedazo y explicando a la familia que ese “gustito particular” se debe a unas especias que le trajo de oriente un compañero del trabajo.

Yo soy vegetariana hace años. Romi lo es a partir de hoy. Ambas sentimos escalofríos y lo sentiremos siempre, cada vez que pasemos por una góndola de carnes blancas.

Publicado por la revista THC en noviembre de 2010.

El gringo



Nuestras divas venden fantasías, pero nunca faso. El placer se autocultiva.
Por Chanelle Noir

Hipótesis:

Anda por los 50, tiene pelo canoso y ojos celestes. Panza. En su juventud puede que haya estado bueno. Entra a nuestro dpto. con prepotencia, dejando su saco en nuestro perchero como si estuviera entrando a la habitación de un telo y diciendo (en inglés) que él es “Americano “ y que por tanto, tenemos que hacerle precio.
Le explico que estamos en Argentina y que acá se habla castellano. Se lo digo lentamente, con autoridad, mirándolo con el cuello arqueado porque mido un metro y medio y él me lleva dos cabezas. Amenaza con irse si no aceptamos sus condiciones y le respondo que no hay inconveniente. Que abajo le abren.

Lo veo recoger sus pertenencias mientras mediante un gesto sencillo, le pido a Romi que me facilite el faso recién armado que pongo entre mis labios. El gringo abre los ojos enormes y me pregunta si tengo más. Le pido que me disculpe, pero que no hablo inglés. Él saca 400 dólares y yo los guardo en mi media negra de liga. Los lenguajes del amor, el dinero y el faso, son universales.

Inmediatamente, vuelve a ponerse cómodo. Se sienta en la cama en el medio de las dos y yo le paso mi faso. Romi trae el cenicero del Che. Él hace un comentario despectivo sobre el revolucionario argentino y yo le digo que no le entendemos. Romi and Chanelle no English le digo. Pot and sex, yes. Oh yes.

Fumamos un poco mientras nos cuenta en su castellano de mierda que hace días que no prueba un porro y que es una situación terrible. En California tiene una plantación y se autoabastece. Esto estar mehor que yo fumé en Argentina, dice, refiriéndose a nuestros cogollos. Nosotras decimos Thank you. Dice que siempre que viene a nuestro país le venden un paraguayo espantoso y sobrevaluado. A nosotras no nos sorprende. Con la onda que tenía al principio, yo al menos, le habría vendido cianuro.

Tesis:

Romi: Es inhóspito, vienen con dólares y creen que pueden hacer cualquiera.

Chanelle: Y sí, creen que nos vamos a abrir de gambas por una foto de Washington.

Romi: Se creen que somos indios, que nos vamos a deslumbrar con los vidrios de colores. Se creen que estamos igual que cuando nos conquistaron.

Chanelle: ¿Eh?

Romi: ¡Cuando los ingleses nos conquistaron!

Chanelle: Che, tengo un libro de historia muy copado acá en la biblioteca, si querés llevátelo unos días.

Romi: ¿A ver? ¿Tiene dibujitos?

Chanelle: Sí, tiene dibujitos.

Romi: ¿Por qué no le querías hablar en inglés? Vos entendés perfecto.

Chanelle: Porque no viene incluido en el precio. La tarifa es por coger, no por hablarle en su idioma. Además, me iba a ver tentada a refregarle en la cara que para ponerla, además de tener que pagar, tiene que irse de su país porque ahí las minas son horribles.

Romi: Y sin embargo parece que nos cogió sólo porque teníamos porro. ¡Cuando vio el faso, se quedó avieso!

Chanelle: Tengo un diccionario por ahí, Ro. Llevátelo también. Tiene dibujitos.

Romi: ¡Gracias! Vos sabés que adoro leer. Los libros son una necedad. Ahí te entró un mensaje.

Chanelle: Sí, es el gringo. Dice que le parecimos unas forras, pero que quiere más porro. Quiere comprar de nuestra cosecha “a un precio razonable”.

Romi: Imposible. Somos putas, pero no dealers.

Chanelle: Eso le estoy respondiendo.

Romi: Y que se haga ortear.

Chanelle: También.

Conclusión:

Durante los días siguientes, el gringo nos manda un promedio de 10 mensajes de texto diarios pidiéndonos que le vendamos faso. Ante nuestra negativa, postea una “mala XP” en el foro de putas correspondiente, pero gracias al traductor de Google, no se entiende ni mierda.

Sin embargo, esa semana tenemos miles de gringos nuevos en busca de faso. Todos ratas y con la convicción de que ser “Americanos” les da derecho a lo que sea. A cada uno de ellos, Romi y yo lo colocamos en su lugar de súbdito del faso y le dejamos bien en claro la situación: Vos viajaste a este país sin faso y querés fumar algo bueno, no la mierda sobrevaluada que te venden aprovechándose de tu condición de dumb gringo. Bien. Fumá de la buena y cogete dos hembras como no hay en tu jodido país. Pero pagame lo que yo te pida. In advance.

Te explico, baby, vos tendrás muchos verdes, pero nosotras tenemos felicidad verde también. Fumate tus billetes si querés. En nuestro garchadero/fumadero, que es nuestro reino, esta plantita vale más que tu billetera. Igual, tu billetera se queda acá. Baby.

Publicado en la revista THC en octubre de 2010

El nono travesti



Las chicas reciben a un funcionario públio que, lejos de jubilarse, le suma a su vida monótona la fantasía de ser una más.
Por Chanelle Noir.



Hipótesis:

Romi revuelve el baúl donde guardamos la lencería y los trajes de fantasía. La veo sacar medias, ropa interior de seda y un baby doll. Le pregunto si hoy tiene turno el músico que le gusta a ella y me recuerda que, lamentablemente, hoy nos visita el nono travesti. Es un señor con edad para ser abuelo, funcionario estatal, que hace unos años empezó a recorrer puteríos y cabarets donde le dejaran llevar a cabo la fantasía de cumplir el rol de mujer. Cuando descubrió que en nuestro dpto. además podía fumar porro, jamás nos abandonó. Desde entonces, como es común entre los putañeros, este viejo maraca tiene una rutina: llega de traje y con el maletín, con el poco pelo que le queda peinado para el costado y se sienta a fumar y tomar gaseosa con nosotras. Cada seca lo relaja más, lo acerca más a la persona que desearía ser y al sexo que quisiera tener, al menos en estos momentos. Así, el nono travesti, comienza a vivir su propio sueño. Al menos hoy, al menos por algunos minutos, podrá ser la mujer que esconde durante las horas de oficina o en su casa, con su familia.

Nosotras miramos anonadadas su transformación. De a poco, el señor empieza a hablar diferente. Cambia su tono de voz, elige otras palabras y otros comentarios. Ya no habla de su trabajo ni de su esposa. Habla de las cosas que le gustan, de la decoración de nuestro dpto., acaricia a los gatos. Sigue hablando mientras se peina el poco pelo que tiene, mirándose en el espejo del living, aún con el porro en la mano. Del bolsillo de su pantalón, saca un lápiz labial y se pinta los labios. Se pone rimmel en las pestañas y las mueve como si fuera Betty Boop. Casi instintivamente, Romi y yo miramos para otro lado en el momento en que empieza a desvestirse, aunque la transformación del nono travesti es ese tipo de fenómeno que sucede con la música de fondo de una película de Kubrick.

Tesis:

Romi: Las cosas que hay que hacer por doscientos euros.

Chanelle: Nos recagó la devaluación del euro.

Romi: Sigue siendo una fortuna, Chanelle. ¿Cuántas horas trabajabas en la ofi por 200 euros?

Chanelle: No sé, muchas.

Romi: Y te tenías que bancar al pajero de tu jefe mirándote el ortho y tirándote onda.

Chanelle: Yo los guardo para cuando vuelva a subir.

Romi: ¡Ja!

Chanelle: ¿Qué tiene?

Romi: Nada. ¿Sabés qué creo? Que está comprando nuestro silencio.

Chanelle: Entonces, que venga con libras esterlinas, no con esta garcha.

Romi: ¡Será una buena excusa cuando le vendamos la información a la prensa! Ayer el nono travesti estaba en la tele, hablando no sé de qué.

Chanelle: Celebrando la ley del matrimonio gay.

Romi: No, de en serio te digo. ¡Cuando nos cansemos del nono travesti, lo extorsionamos y le pedimos libras!

Chanelle: ¡Pero qué flasheás, Ro! Si vos sos incapaz de cobrar de antemano porque te da vergüenza. Mirá si vas a botonear al viejo por maraca.

Romi: Tenés razón, Chanelle. Va en contra de mi esencia intrínsica.

Conclusión:

El nono travesti ya abandonó el dpto. y somos conscientes de que será mucha la pornografía vietnamita que deberemos consumir para sacarnos de la mente esa imagen: la de nuestro cliente saltando encima de un vibrador de 25 cm, gritando Soy tu putita.

Con el correr de los minutos, sin embargo, porro tras porro comenzamos a sentir una calma maravillosa. La misma hierba que hace un rato enfervorizaba al viejo maraca, ahora nos da paz y nos permite tomarnos una merecida siesta durante el resto de la tarde.

Nosotras también nos sacamos la ropa de trabajo y también, de alguna forma nos convertimos. Ahora no somos las empresarias del amor, somos las amigas fumadas a punto de tirarnos a dormir como hacen los felinos.
Hace frío, así que Romi y yo, siguiendo el digno ejemplo de los gatos, bajamos las luces y nos cuchareamos en el sillón. Sin poner la alarma a ninguna hora.


Publicado en el mes de septiembre de la revista THC

Salir de la vida licenciosa



Nuestras heroínas le dan a un doctor metiche un poco de santísima medicina.
Por Chanelle Noir.

Hipótesis:
Es médico y tiene mucho que enseñarnos sobre la vida. La piel de Romi está seca y mis tetas parecen operadas, afirma mientras tomamos algo en el living del dpto., aún vestidas. Nuestra colección de revistas THC descansa en un armarito con puertas transparentes, él la ve e inmediatamente improvisa un discurso antidrogas. Espero que mis pacientes no lean esta revista, nos dice gravemente y yo pienso: Ok, no te soporto más. Pero nuestro cliente recién está comenzando. Su soliloquio es denso y él no se cansa de repetir que somos unas drogadictas, que no importa si sólo nos fumamos un porrito entre las dos antes de dormir, está mal. Ojalá que sus pacientes no lo hagan.

Yo miro estratégicamente el reloj. Le estoy dando a entender que cada minuto que decida utilizar para martirizarnos con su moralina barata es un minuto menos que tendrá para coger. Él parece entender mi sutileza, porque enseguida pasa al segundo tema que tenía pensado abordar con las putas fumancheras Chanelle y Romi. El nuevo segmento de su monólogo se llama “Sugerencias para salir de esta vida licenciosa”.
Nos ofrece trabajo en su consultorio. Podemos atender el teléfono, dar los turnos y decir cosas como “El Dr. está en teleconferencia en este momento”. No, mirá, le dice Romi mientras yo lo tomo de la mano y lo dirijo a nuestra cama, nosotras somos felices siendo putas.

Gateo más por soledad que por sexo, nos dice cuando finalmente se encuentra sentado en la cama, entre las dos. Romi y yo nos leemos mutuamente las mentes. Nos miramos a los ojos y ya no necesitamos hablar: ella se levanta y le dice que tiene algo muy especial para la tarde. Seguro que no merendaste, agrega, ofreciéndole un plato lleno de brownies. Su panza prominente ya nos había dado la pauta de que no se resistiría. Le entra con ganas. Romi y yo hacemos contacto visual nuevamente y esta vez sonreímos.

Tesis:
Romi: Se calló, finalmente, el doctor.

Chanelle: Primero, no podía hablar porque se llenó la boca de tus brownies. Y al rato, era un chiste, el hijo de puta.

Romi: Se reía raudamente. Me encantaba su risa.

Chanelle: Che, ¿y el diccionario que te regaló el músico?

Romi: Ah sí, lo usé para calzar la pata de la mesa de la cocina que estaba más corta.

Chanelle: Cierto, ya no se me vuelca el café con leche cuando me siento a merendar.

Romi: Quedó como loco, el doctor, qué momento estóico. Tendría que agradecernos. Pasó de ser un embole a cagarse de la risa de todo.

Chanelle: Y nosotras nos cagamos de la risa de él, de paso. Todos contentos. Pensar que yo no me animé a darle brownie a mi mamá cuando estuvo haciendo la quimio.

Romi: Vos le dijiste que el faso le podía aliviar el dolor y no quiso, fue su elección. Ahora, lo que hicimos hoy fue en defensa propia.

Chanelle: Sí. Qué tipo más hinchapelotas.

Romi: Era darle brownie o echarlo a patadas en el ortho. Ahí te entró un mensaje.

Chanelle: A ver. Dice que nos agradece, que no sabemos la falta que le hacía reírse un rato.

Romi: Coger también le hacía mucha falta. Largó como para abrir su propio tambo.

Chanelle: Cerda, hija de putaaaaa

Romi: Ay, habló la más fina.

Chanelle: Callate y armá uno.

Romi: Acá tenés.

Chanelle: Gracias, Ro.

Conclusión:
Parece ser que la gente que gatea por soledad, necesita tener al menos con quien pelearse. El problema es que a nosotras no nos interesa pelear, sino que nos dejen vivir a nuestra manera. En este sentido, los brownies de porro que cocina Romi parecen ser un antídoto para la careteada, un pasaporte a la realidad para un cliente que hoy se metió en el lugar equivocado, pero al menos nos dejó dinero.

El caso del médico que visita a un par de putas fumancheras para intentar llevarlas por el buen camino, es un ejemplo similar al del empresario monopolista que usa remeras con la cara del Che. Al menos queda gente coherente en el mundo, como nosotras. Si se hubiese tratado de una batalla, bien podríamos decir que ganó la autenticidad sobre la hipocresía. Algo así.

Finalmente, el Dr. pudo experimentar en carne propia las ideas a las que se oponía rotundamente. Y no sólo no la pasó nada mal, sino que terminó agradeciéndonos.
No resulta muy recomendable para los enemigos acérrimos del faso, darse una vuelta por el garchadero/fumadero de Chanelle y Romi. Lo más probable es que terminen riéndose de todo, sin acordarse qué era lo que habían venido a buscar. Pero tal vez, con la certeza de haber encontrado algo mucho mejor.


Publicado en la Revista THC en agosto de 2010

Noche de chicas



Grandes corazones auxilian a una novia desolada.
Por Chanelle Noir.

Hipótesis:
Es la chica más linda de la fiesta, tiene pelo castaño y unos bucles hermosos. Sentada sola en la escalera, podría ser la única imagen rescatada de un sueño. La descubro al seguir la mirada de Romi, quien la admira a través del humo de su propio faso. Una chica triste, me dice. Por un instante, nos miramos las tres.
Se sienta junto a nosotras en el sillón y se lamenta que a estas horas ya se haya terminado el buen alcohol y sólo circule cerveza en botellas de plástico. Romi le ofrece una seca. La chica mantiene el humo dentro su boca durante unos segundos, antes de volver a hablar.

Su novio estaba abrazado al inodoro hace alrededor de una hora y en este momento nadie sabe dónde está ni con quién se fue. Es demasiada la gente y demasiado berreta el alcohol que quedó; el porro que en ese momento compartimos las tres parece ser lo único que vale la pena esa noche. Varios fasos se encienden, uno detrás del otro, para pasar por nuestras tres bocas en orden aleatorio. Nos relajamos totalmente. De repente, me siento más seductora y más linda. Romi se cruza de piernas y veo sus ligas negras. Descubro a la chica mirándome mientras me detengo en la lencería de Romi. Sus ojos se clavan en los míos. Se me acerca y me toca la cara. La miro. Romi se acaricia las ligas y chupa el faso con los labios bien apretados. La chica nos pregunta en qué barrio tenemos el depto y le digo que es “acá, cerca”, aunque en realidad, está del otro lado de la capital.

Tesis:
Chanelle: Te extrañé, boluda. Todos me preguntaron por vos. Suerte que tu retiro duró sólo un par de semanas, si tardabas más en divorciarte iba a tener que agarrar mis ahorros de puta y ponerme un Lave-Rap.

Romi: Vos sabías que de seguro iba a volver. Yo tengo más despedidas que Los Chalchaleros.

Chanelle: Sí, ya sé. Es más, duraste más de lo que yo pensaba. ¿Por qué te divorciaste?

Romi: Después de las cosas que vi, no le creo nada a ningún flaco. ¿A vos no te pasa?

Chanelle: No.

Romi: Cuando estás entrando al telo y el tipo llama a su esposa para decirle que está llegando al gimnasio, ¿no te convencés de que los tipos son todos una mierda?

Chanelle: Mmm…no.

Romi: Cuando alguno le dice a su mujer “Te amo, gorda” justo mientras vos le estás tirando la goma, ¿tampoco?

Chanelle: No.

Romi: Ojo, las mujeres tampoco son unas santas. Mirá la piba esta.

Chanelle: Más puta que vos y yo juntas. Nosotras al menos lo hacemos para vivir. Armá otro que este ya murió, Ro.

Romi: Ahora armo.

Chanelle: ¿O sea que no te vas a enamorar nunca más?

Romi:Yo no dije eso, dije que no puedo confiar en ningún tipo. Pero uno nunca sabe, la vida nos sorprende raudamente

Chanelle: Ah mirá, un SMS de nuestra clienta.

Romi: ¿Qué dice? Acá tenés el porrín.

Chanelle: Gracias. Mmm buen faso. Dice que su novio se murió ahogado en su propio vómito. Qué trágico, boluda. El finadito agonizaba mientras ella se enfiestaba con dos putas.

Romi:¿No ves que no se puede confiar en nadie?

Conclusión:
El motivo por el que Romi y yo no solemos tener clientas, creemos, se debe a que muchas mujeres sienten vergüenza de admitir que quisieran acostarse con otra mujer. Mucho menos pagando por eso. Menos aún con dos mujeres. Esta vez, sin embargo, el porro fue nuestro aliado y contribuyó a que la chica triste de la fiesta respondiera a sus deseos más íntimos y se animara a pasar un verdadero momento “entre mujeres” que seguramente jamás olvidará.

El día siguiente, en nuestro depto ya todo vuelve a la normalidad: casados de traje, maletines, preocupaciones robadas de la oficina, frustraciones. Peluquines peinados para el costado, ropa interior que nadie debería usar y más frustraciones. Hombres que analizarán exhaustivamente la calidad de nuestro jabón líquido, la pulcritud de nuestras toallas o la gaseosa de vidrio que le ofrecemos al llegar. Sin embargo, aunque no volvamos a hablar de eso, el recuerdo de aquella fiesta y lo que vino después, sigue con nosotras.

Un buen faso puede motivar, decimos siempre con Romi; o al menos es una excelente excusa para dejar algunos miedos y preconceptos de lado y animarnos, por un rato al menos, a ser quienes queremos ser.

Publicado en la revista THC en julio de 2010